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"Taksu"
es
fruto de la experiencia vivida en la Fundación
Museo A.R.M.A, ubicada
en el pueblo de Ubud, isla de Bali, durante el mes de Julio
de 2009.
Como viene siendo habitual en mi trayectoria
artística, la idea inicial del proyecto "Reencuentro"
quedó relegada transformándose en un nuevo devenir:
"Taksu"
Por segunda vez visitaba la
isla de Bali. El primer encuentro fue el año 1992 , un encuentro
muy significativo a nivel personal y artístico. Durante aquella
primera estancia de dos meses fui adentrándome en los entresijos
de una cultura que a pesar de la supuesta diferencia sentía
como cercana y alimentaba mi ego, era difícil no juguetear
con la idea de "Paraíso". El acontecer que incitó
este proyecto, dieciséis años más tarde, fue
el amor, no el amor occidental de grandes palabras,
sino el balinés, el cotidiano, el de los pequeños detalles,
por el Arte. Nunca gente sencilla, alrededor del mundo,
gozó de mis obras, como lo hicieron ellos del cuadro "Bali"
en Padangbai. Así pues, el proyecto "Reencuentro"
no dejaba de tener un cierto aire narcisista, aunque el discurso consciente
apelara a confrontar fantasmas, fantasías y paraísos
en dos tiempos, ya que como dice Freud, hasta que no vivimos una experiencia
por segunda vez no adquiere sentido la primera.
Una vez allí empecé a pintar tal y como estaba previsto,
conviviendo día a día con la vida balinesa y con los
balineses , especialmente con Agung Rai, fundador y presidente del
Museo ARMA; en este quehacer, empezaba a perfilarse una realidad diferente
de la imaginada, así como a esbozarse la pregunta que me había
llevado al otro lado del mundo.
Con Agun Rai hablaba de cosas sencillas: costumbres, comidas, especies,
flores... y no tan sencillas: rituales, religiones, Dios o dioses,
la situación política, la económica, el rol de
la mujer, los cambios de aspiraciones en la población...; casi
nunca hablábamos de mi trabajo, del reto que estaba suponiendo
llevar a cabo el proyecto; así que durante los primeros días
se manifestó como un síntoma. Cuando cruzábamos
juntos la entrada de los jardines del Museo, él insistía
"Todo esto es tu estudio, puedes pintar dónde quieras",
pero yo me enclaustraba en mis cuatro paredes, el estudio interior
de la casa, a la sombra de las maravillas humanas y paisajísticas
que me envolvían.
Más allá del matiz protector que podía tener
mi actitud de recogimiento, lo cierto es que escondía una pregunta
hacia mi relación con posibles espectadores o críticos,
o quizás empezaba a entrever que, yo y obra, se confundían
en un solo concepto. En este punto del proceso, preguntas que habían
revoloteado meses atrás tomaban forma "¿Qué
nos ha pasado a los artistas de hoy, somos sólo un reflejo
en superlativo de la sociedad narcisista que vivimos? ¿Qué
lugar ocupa la obra, cual el observador y cuál el artista?
¿Somos solamente un producto más de la sociedad de consumo?"
Estaba claro, este proyecto me estaba enfrentando con mi NARCISISMO
en mayúsculas, a mis miedos, deseos escondidos del "¿Qué
dirán?", a mis fantasías de "gran artista";
en este caso, mis espectadores no serían productores y consumidores
de Arte, a quien ya sé como satisfacer, serían niños,
músicos, camareros, extranjeros, albañiles... gente
que no simularía y mi obra (o yo?) quedaría
al desnudo.
Aterrorizada y deseante salí a lo que podríamos llamar
"exterior", aunque también podríamos
decir a mi "interior manifiesto". Bajo un
techo de paja descubrí verdes más intensos y rojos que
resistían, el trazo adquirió fuerza y la espátula
danzaba como "katcha- katcha" (1).
Así nació "taksu",
en un entresijo de "Bagus" "Selamat pagi" "apa
kabar", niños jugueteando con mi paleta y saltando
de la tarima, señoras sentadas practicando inglés y
observando mis rápidos movimientos, compañeros dibujando
silenciosos, albañiles cargando ladrillos y numerosas visitas
variopintas. La obra adquiría valor conforme yo desaparecía
en esa argamasa, dejaba de pertenecerme en cada pincelada para formar
parte de ese entorno.
En palabras de Agung Rai:
"El concepto de taksu
es importante para el Balinés, de hecho para cualquier artista.
Yo no creo que uno simplemente pueda planear pintar un hermoso cuadro,
un cuadro perfecto. La cuestión de taksu es también
una cuestión de honestidad, para el artista y para el observador.
Un artista seguirá a su corazón o su instinto, a él
no le importará lo que piensa la gente. Una pintura que tiene
magia, no necesita ser elaborada después, el cuadro habla por
sí solo. Una obra de arte es difícil de describir por
palabras, tiene que ser mirada por un corazón abierto que no
esté influenciado por el nombre del pintor. En esta honestidad
hay una pureza de conexión entre el observador y lo observado"
(1)
Danza del Fuego, ritual de la luna llena
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OBRAS DEL PROYECTO
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TAKSU óleo
80 x 60
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Mana-mana
(en todas partes) óleo 90 x 70
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