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Este
año no hubo uvas macilentas sabiendo a lastre.
Me abrí de piernas ante el vacío inexistente.
Dejé que me despedazara su túnica virginal.
Me olvidé de mi cuerpo para encontrar su cuerpo.
Bebió mi sangre aguada y la transformó en rojo carmín.
Arrancó mis ciegos ojos y los transformó en luz.
Respiró mi aliento pestilente y lo transformó en viento.
Le acaricié con la danza satánica.
Le mordí cada rescoldo de piel
Le agredí hasta hacerme su esclava
Diluida en sudor y fiereza, me debatí con pinceladas.
Dejé arrastrarme al abismo profundo y desaparecí exhausta.
Él surgió en esa nada,
más allá de mi dolor
más allá de mi aliento,
más allá de mi sudor,
más allá de mi cuerpo,
Más
allá de mi entierro.
Imponente y calmo.
Mi viejo sabio.
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